Te perseguí cegada por tu piel de lobo, sabiendo que no eras más que una oveja negra disfrazada.
Cuando te dije que quería comerte intentaste mantener la postura, pero luego comenzaste a esconderte.
En ese momento entendí que una oveja nunca podrá ser un lobo por más pelaje que use, y que en el bosque habitan muchos lobos que sabrán cómo reaccionar cuando les diga cuáles son mis intenciones.
Caperucita Roja.