Akil:
No sé si leerás esta carta, pero hay cosas que
debo decirte.
Te tengo que agradecer, sí te agradezco,
agradezco que hayas sido sincero, aunque tanto vos como yo sabemos que no lo fuiste
del todo.
Agradezco que de alguna manera me hayas
despertado del letargo que estaba pasando como princesa, cuando nunca fui una.
Lo que dolió no fue tu deseo de cambio, me dolió
mi orgullo cuando me di cuenta que no me estabas siendo totalmente franco,
porque te tenía confianza ciega y omitiste ciertos detalles que me instinto me
estuvo susurrando durante un tiempo antes que confesaras.
Estoy muy agradecida de las enseñanzas que
prodigaste, y de las que sin darte cuenta me brindaste.
Si lees esta carta espero no confundirte, ya no
te amo ni te quiero cerca, sólo sos un buen recuerdo y como todos los recuerdos
de cuando era mortal, formas parte de mí memoria.
Sé que es difícil, pero espero que sepas
comprender que no quiero verte ni cruzarte, y si por algún motivo quieres
buscarme, te recomiendo que no lo hagas.
Atte. Nix